domingo, 4 de noviembre de 2007
Santas manos violan barreras sanitarias. No hay luz. Se cortó. Hay un gato muerto en la puerta. O tal vez sea una impresión mía. Por ahora no se sabe. Sobre el agua del mar. No, no esta mal. Pero lo del gato me inquieta y me distrae. Todavía no hay certezas. Sobre el agua del mar. Si te quiero ver así. Plagio moroso y vulgar. Automatismo voraz. Esta en mi cabeza. En el aire. En el tiempo que lleva caminar desde el pasillo hasta la calle. O viceversa. Las voces me dictan los designios sagrados. Yo las ignoro. Pero ellas insisten incansablemente. En el fondo me da ternura. Son casi monas, así rebotando en mi cabeza. Es una lastima que no hubiesen encontrado receptáculo mas saludable a sus intenciones. Si es que tienen intenciones. Por ahora pareciera que lo del gato era una falsa alarma. Ya tendría que haberse escuchado el grito espeluznado de algún vecino infortunado que, queriendo simplemente volver a su hogar, hubiese dado con la pavorosa imagen. Es tranquilizador. La sensación de encierro empezaba a adormecer la sangre. No es que tuviera que salir. Ni siquiera quería salir, en realidad. Pero la idea de no poder salir me roía la cabeza lenta pero permanentemente. Ahora todo es diferente. Si no hay gato es posible salir. Cruzar la puerta como cualquier hijo de vecino, y salir a la calle sin tener que toparse con el horrendo espectáculo de la muerte.
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