domingo, 4 de noviembre de 2007

Acuíferos deseos suntuosos recorren los techos del mañana. Gatos tuertos que perdieron el camino a casa. Un hombre se mira la punta del zapato y llora. Las cosas son como son. No hay refugio para los lentos de alma. Las flores verdes rebalsan los límites de lo posible y el hombre sigue llorando. Desconsolado. Con mocos. Hay un tiempo para cada cosa. Unos mundos para cada perro. No hay ciempiés violetas. Ni gallina de los huevos de oro. Un horror. Y papa Noel son los padres. Todo una gran farsa y el hombre llora. Cada cosa se acomoda en su lugar. Ahora es evidente. Los potus son una planta de mierda. El hombre se saca el zapato. Lo mira con los ojos vidriosos. Lo aprieta entre los dedos amarilleados por el esfuerzo. Grita. Con la furia de los siglos del mundo escondida debajo de la lengua. Grita y tira el zapato a la mierda. Y se acomoda la ropa. Y se suena los mocos. Y se limpia la cara. Y sigue caminando.

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